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Adiós, señor Lagerfeld

Carta a mi maestro.

No te conocí, Karl, personalmente, y hoy lloro tu muerte a los 85 años, porque has estado presente en mi vida desde el armario.

Estoy en ese grupo de clase media a la que decían que despreciabas, pero tus palabras nunca me hirieron, nunca me sentí ofendida; la efervescencia que me producía Chanel me hacía impermeable. Excentricidades de todo genio que huye de la normalidad a golpe de controversia.

Soy lo que se llama una clienta aspiracional. Nunca pude comprar nada de tu marca, salvo alguna colonia o pintalabios, pero la lucía. Hace 30 años, cuando Zara no marcaba tendencia y aun no era habitual comprar en Inditex, hacía ponerse las gafas a la modista y, con el Hola edición moda, plagiábamos al detalle trajes y chaquetas que luciría después. Recuerdo que podía caminar tres horas de mercería en mercería en busca de la pasamanería y los botones con la doble C para el modelo elegido. Mis amigas, las de confianza, me preguntaban de dónde sacaba la ropa. Y así lucía un trocito de ti, de la Torre Eiffel, de ese chic francés, cómodo y con clase, no por las calles de París, sino de La Coruña.

No se trataba de hacer creer a nadie que me había tocado la lotería y paseaba un “Chanel” original. Tú me inspirabas esos estilismos, con ese orden, pulcritud, adornados pero elegantes.

Cuando llegaba el Hola moda a los kioskos, lo estudiaba y tu colección se quedaba en mi retina. Me sorprendías con los mismos elementos icónicos temporada tras temporada. Ideas nuevas, mil combinaciones de un traje o su simple collar con elementos actuales y apostando por lo sencillo, que tantas veces es lo más complicado.

Conocí más a fondo a la mujer que revolucionó el vestuario femenino a través del masculino: Coco Chanel. Desde tu tiempo, de tu mano. Con el paso de los años, su recuerdo en blanco y negro se fue haciendo sombra y te quedaste tú, con ese porte altivo de negro y coleta blanca. Y tus excéntricos mitones.

Me lamento cada vez que perdemos a una figura de la moda, porque valoro su aportación y maestría, pero en un universo donde podría haber elegido a Versace, Gaultier o cualquier otro, mi corazón latía por Chanel. Desde los quince años, mucho antes de la llegada de bloggers e influencers.

Tus desfiles me dejaban boquiabierta: geniales, espectaculares. Tus musas… Yo no era una de ellas, pero siempre me he sentido así: querida, porque con tus prendas plagiadas fui parte de ese universo. Por eso te lloro. Buen viaje, Maestro.

Mar
Diseñadora de moda, estilista, patronista, asesora de imagen, personal shopper y cool hunter por la Escuela Superior de Diseño y Moda Goymar y por la Escuela Superior Marcelo Macías. Gestiona el blog de moda “SE que ponerme” y colabora en suplementos de moda en prensa escrita, imparte cursos de imagen personal y trabaja como personal shopper y estilista.

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